A prueba de doping

Patricia Lledó
de
Patricia Lledó
12/04/2017
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A prueba de doping

Si un deportista recurre a sustancias prohibidas para mejorar su rendimiento y es sancionado por ello, pueden pasar dos cosas: que la sociedad borre rápidamente de su memoria el indigno fraude que ha cometido el deportista y siga tratándolo como a un héroe; o bien que lo crucifique de por vida y lo juzgue cual asesino en serie. Entre estos dos extremos existe un gran abanico de matices que suelen variar con el paso del tiempo y con la empatía que despierte cada deportista entre sus seguidores.

Para saber cuál sería nuestra postura, deberíamos reflexionar sobre la siguiente pregunta: ¿es justo que un criminal, tras cumplir su condena, pueda reinsertarse en la sociedad? En el caso de los deportistas dopados, podríamos plantearnos una cuestión similar: ¿es justo que un atleta que ha utilizado substancias prohibidas para mejorar su rendimiento pueda volver a competir tras cumplir una sanción? 

¿Estamos dispuestos a hacer borrón y cuenta nueva? Pues parece que con algunos casos sí y con otros no… Pongamos como ejemplo a dos deportistas rusas sancionadas por doping: la nadadora Yúliya Efimova y la tenista Maria Sharapova. Tras cumplir una sanción de 16 meses, Efimova participó en los pasados JJOO de Rio donde fue duramente abucheada. Pese a conseguir la plata en 100 y 200 braza, su imagen derramando lágrimas al recibir impertinentes críticas de espectadores y rivales dio la vuelta al mundo.

Efimova

El caso de Sharapova es muy distinto. Acaba de cumplir los 15 meses de sanción impuestos por el TAS (Tribunal Arbitral del Deporte), un tiempo en el que ha estado apartada de los torneos, pero no de los focos. Hace unos meses participó en un partido de tenis benéfico organizado por la Fundación de Elton John contra el SIDA y recientemente ha lucido palmito en la portada de la revista Vanity Fair. Sharapova, pese a todo, sigue siendo una celebrity amada por las marcas y con un estilo y un glamour a prueba de doping.

Un capítulo aparte se merecerían las sanciones derivadas por la cocaína, una droga considerada de recreo pero capaz de disminuir la sensación de fatiga de los deportistas. Uno de los casos más famosos lo protagonizó Diego Armando Maradona, considerado por muchos el mejor jugador de fútbol de toda la historia, pese a dar positivo en más de una ocasión.  ¿Quién no ha escuchado alguna vez algo como “Maradona es el mejor, independientemente de lo que hiciera fuera de los terrenos de juego”? Sinceramente, no me parece honesto pensar así.

Otro caso sonado fue el Martina Hingis, una de las mejores tenistas de la historia castigada también por cocaína. Tras varios años retirada (muchos más de los dos marcados por la sanción), Martina reapareció en 2013 como doblista, ganando varios torneos de Gran Slam. La tenista suiza es un ejemplo de deportista “castigada” por la sociedad, ya que tuvo que pagar un peaje deportivo y mediático mucho más caro que otros deportistas en su misma situación. En 2016 la prensa redimió a Hingis, elevándola a la categoría de leyenda tras lograr una medalla olímpica con casi 36 años.

Los deportistas que recurren al doping para mejorar sus resultados y son pillados, pueden hacer muchas cosas… pueden cumplir una sanción, devolver las medallas, retornar los premios económicos, convocar ruedas de prensa para mostrar su arrepentimiento… pero todo eso no es suficiente, al menos para algunos. Lo que no pueden hacer  es devolver el momento del triunfo, de los flashes, de las portadas… un momento único que han arrebatado sin piedad a los merecidos vencedores.  

Uno de los casos más extremos es el de la haltera española Lydia Valentín. Virtualmente posee tres medallas olímpicas, pero solo ha subido al podio en una ocasión. En Pekín 2008 terminó en quinto lugar, pero años después se descubrió que tres de las cuatro mujeres que la precedieron habían tomado substancias ilegales, dejando a la española en segunda posición. Algo parecido sucedió en Londres 2012, donde Lydia alcanzó la cuarta plaza. Las tres participantes que ocuparon el podio dieron positivo en un examen que se publicó cuatro años después, otorgando a Lydia una virtual medalla de oro. Valentín tuvo que esperar hasta Rio 2016, donde logró la medalla de bronce, para vivir el sueño de cualquier atleta: subir a un podio olímpico.

Lydia Valentin

A Lydia le robaron el momento, ese instante de subir a lo más alto y sentir que todo el esfuerzo ha valido la pena. También le robaron el reconocimiento de todo un país, el protagonismo mediático, los contratos de patrocinio, los premios económicos…  ¿Quién se hace cargo de todo eso?

Deportistas que han infringido las normas, han subestimado a su organismo llevándolo ilegalmente al límite y han engañado a sus rivales arrebatándoles tantas y tantas cosas. ¿Qué tiene que hacer la sociedad con todos ellos? ¿Olvidar sus fechorías y tratarlos como a dioses o castigarlos de por vida? Sea cual sea la respuesta correcta, lo que sí tendría que hacer la sociedad es tratarlos a todos por igual. 

 

Patricia Lledó

Patricia Lledó

Licenciada en comunicación audiovisual, periodista y experta en comunicación corporativa. Exnadadora profesional y nadadora master de aguas abiertas. Actualmente es responsable de marketing y comunicación de Odeclás.
Contacto: comunicacion@odeclassport.com
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